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martes, 26 de noviembre de 2013

"Lo que nunca podré decirte" (Seis+Epílogo)

Estoy tumbada en la cama releyendo una y otra vez el pedazo de papel que tanto me ha costado escribir. No es demasiado bueno pero como casi todo estas últimas semanas es algo que tengo que hacer. Al igual que comer, ducharme, respirar y la que mas me cuesta de todas... vivir. Mis ojos pasan del vestido color crema que llevo puesto, a la escayola decorada por Jess y por último al papel que encierra tantas cosas por decir.

—Jess ayudame a levantarme. —Grito desde la cama.

—Ya voy. —Sale del baño y tengo que abrir y cerrar los ojos varias veces para asegurarme de que es ella.

—¡Jess estás preciosa! —Su pelo negro, normalmente revuelto y enredado, está liso y le cae hasta casi las caderas. Lleva un vestido rojo que marca todas sus curvas, inexistentes antes por el uso excesivo de camisetas anchas, y realza muchísimo su pecho.

—¿Estás sonriendo Charlotte? —Me mira sorprendida si hacer caso a mi halago y me llevo la mano a la boca. Vuelvo a ponerme sería y paso mi brazo por su cuello para que pueda levantarme y sentarme en la silla de ruedas.

—Esto es una mierda. —"Hoy es un día feliz para ella Charlie. Sonríe y respira. Acuérdate de eso y todo saldrá bien" me digo. —Quiero decir la silla de ruedas, me gustaría lucir el vestido que me has comprado y no ir aquí con él arrugado.

—Bueno la gente lo entenderá Char, —Me mira. —vamos a ver que puedo hacer con esas ojeras. — Y la dejo maquillarme porque a ella le hace feliz, y no pienso arrebatar la felicidad a nadie más.

—El discurso. —Me pasa el pedazo de papel que hay encima de la cama y salimos las dos de la habitación. Cuando bajamos por el ascensor suspiro resignada. —Vamos Charlie, solo te queda una semana y te quitan todo esto. —Dice señalando la silla y la escayola.


Cuando llegamos el salón de actos está lleno pero tenemos sitios reservados por ser alumnas. Nos sentamos al lado de nuestros compañeros de clase y escuchamos aburridos discursos de profesores hasta que por fin pasan a la graduación, nuestra graduación.

—Por último tenemos a Charlotte Collins. Alumna ejemplar que aparte de recibir su diploma nos va a dar un pequeño discurso.

Jess ya me ha ayudado a subir al escenario pero me siento incómoda hablando en silla de ruedas, ahora no quiero esconderme como tantas veces antes. Pido una silla alta y me siento. Mi primera impresión es que hay demasiada gente mirándome y me pongo nerviosa. Echo la mano atrás buscando su apoyo. Me agarra la mano fuerte y los nervios empiezan a desaparecer. Como me dijo Jess antes de subir: "Mirame a mi cuando hables". Y eso es lo que hago, aprieto esa mano que parece tan real y busco en el público a mi mejor amiga.

—Haceros una pregunta. ¿Sois felices? Si la respuesta es sí entonces vale, bien. Pero si os respondéis que no, levantaros de la silla, abrir la puerta e iros a hacer lo que os hace felices. —Cojo aire. —Porque, —chasqueo los dedos. —ahora mismo alguien acaba de morir y seguro que os estáis preocupando por cosas como no tener planes para el fin de semana, o por tener demasiados deberes. O como es mi caso, por los nervios de hablar en público en el discurso de fin de año. —Siento como su mano me acaricia el hombro para tranquilizarme. —Este año no ha sido el mejor año de mi vida si es que estáis esperando ese tipo de discurso. He perdido a alguien muy importante para mi y no le he apreciado de manera correcta hasta que me he dado cuenta de que ya no estaba. —El olor a sal se fue hace días pero parece que quiere revivir. No le contengo—Así que si queréis a vuestros hijos, padres, sobrinos, amigos, novios o lo que sea decírselo. Porque no hay cosa mas volátil que la vida y si la muerte nos la da de ventaja vamos a aprovecharla por los que ya no están. —Sigo sintiéndolo detrás de mi. —Porque las cosas cambian, los amigos se van y la vida no para por nada ni nadie. —Cito a Stephen Chbosky y agacho la cabeza agotada pero complacida por lo que acabo de hacer. No estoy nerviosa porque no he estado sola en el escenario, él ha estado conmigo en todo momento. El tacto de su mano era tan real, era Jim. Y se que mientras él esté conmigo en el escenario voy a poder hablar, cantar o hacer cualquier cosa que quiera porque él me ha dado la fuerza necesaria para hacerlo. A partir de ahora voy a vivir por mi y por él. Porque mientras que yo brille su luz no se apagará nunca.


***
Querido Jim,

Carta 13 con destino a ninguna parte. Se que tú no puedes leer esto pero me gusta escribirte. Esta semana hace un año desde que me mudé a California con Jess. No te lo he dicho nunca en ninguna carta pero la estoy ayudando a que cambie el mundo (bueno ya sabes, a su manera). Vamos a todos lados en bicicleta ya que ambas detestamos los coches y ella está encantada.
Como ya sabes empecé a trabajar de camarera en un bar donde me dejaban tocar por las noches y el otro día vino un hombre y... ¡Me ofreció un contrato! Se que estarías orgulloso de mí pero nada de esto me hubiese pasado sino hubiese sido por ti. Porque cada vez que canto te siento a mi lado y me hace sentirme segura. Te echo mucho de menos Jim, pero eso ya lo sabes.
La semana que viene vuelvo a casa y te prometo que te voy a ir a ver, me da igual que te separe de mi una roca porque para mi tú estás siempre a mi lado. Como antes. Como siempre.

Te quiero mucho mi estrella brillante,


Charlie. 


...Y fin. Gracias a todos mis lectores tanto de wattpad, como del blog. Me habéis animado a seguir escribiendo y dar por seguro que para final de año empezaré a subir otra historia más larga que espero que os guste. De verdad me encantaría saber vuestra opinión sobre la historia en general. Y bueno a mi ya no me queda nada más que deciros solo daros las gracias y animaros a darme vuestra opinión. Mil besos :), 

S.Jeanne

PD: No se porque hay partes del texto que salen en rosa. Perdón :S

domingo, 3 de noviembre de 2013

"Lo que nunca podré decirte" (Tres)

Si me preguntasen por mi lugar favorito en todo el mundo no lo tendría que pensar mucho: el parque Fate vendría a mi cabeza como una pompa al soplar jabón. Me encanta ver a los niños jugar, el puesto de comida para llevar que hay al lado de mi banco favorito y los cantantes ambulantes que cada día llevan con ellos un ritmo diferente. Por eso me cuesta tanto prestar atención a algo que no sean los árboles que se mezclan con los pocos rayos de sol que se filtran entre las nubes negras que hay hoy en el cielo; o a la música que toca un señor con demasiada barba y muy poca carne.
—¿Estás en este mundo? —Tener a Jim revoloteando a mi alrededor hace que vuelva a poner los pies en tierra firme y deje de mirar los arbustos y los frutos que intentan florecer a pesar del frío y la escasez de sol.
—Sí, sí. ¿Qué pasa? —pregunto intentando mostrar algo del interés que debería tener hacia nuestra conversación sobre su profesor de historia del teatro.
—Pues lo que te estaba diciendo. ¡Nos ha mandado leernos La divina comedia para la semana que viene!
—¿Para qué? Por lo que me cuentas a ese hombre cada vez se le va más la cabeza… —río.
—Porque al profesor de artes escénicas se le ha ocurrido mirar una adaptación de la obra para representarla y quiere que… —se para. Seguramente ahora empezará a hacer una imitación de su profesor— captemos perfectamente a los personajes y empaticemos con el nuestro. ¡Si los protagonistas no llevasen más de ochocientos años muertos podría intentarlo!
—¿Has empezado a leerlo? —le pregunto preocupada. Aunque Jim es un buen actor ha dejado abandonada la parte teórica y su nota del curso depende de ello.
—Vuestra fama es como la flor, que tan pronto brota, muere, y la marchita el mismo sol que la hizo nacer de la tierra ingrata.
—Lo tomaré como un sí —le respondo comprendiendo la cita sobre la obra mientras que pido una botella de agua y me siento en el banco. Me alivia saber que, aunque sea a final de curso, se está esforzando por estudiar. De ello depende que el año que viene podamos irnos a vivir a California juntos. Si no aprueba mis padres no me dejarían irme sola y yo no sería capaz de irme a ningún sitio sin él. Además, llevamos tantos años con ese plan que no he pensado en nada más.
Pasamos casi toda la tarde sentados en el banco, mi banco favorito, hablando sobre las clases. Sin embargo, a medida que avanza la conversación noto a Jim más callado. Normalmente es él el Si me preguntasen por mi lugar favorito en todo el mundo no lo tendría que pensar mucho: el parque Fate vendría a mi cabeza como una pompa al soplar jabón. Me encanta ver a los niños jugar, el puesto de comida para llevar que hay al lado de mi banco favorito y los cantantes ambulantes que cada día llevan con ellos un ritmo diferente. Por eso me cuesta tanto prestar atención a algo que no sean los árboles que se mezclan con los pocos rayos de sol que se filtran entre las nubes negras que hay hoy en el cielo; o a la música que toca un señor con demasiada barba y muy poca carne.
—¿Estás en este mundo? —Tener a Jim revoloteando a mi alrededor hace que vuelva a poner los pies en tierra firme y deje de mirar los arbustos y los frutos que intentan florecer a pesar del frío y la escasez de sol.
—Sí, sí. ¿Qué pasa? —pregunto intentando mostrar algo del interés que debería tener hacia nuestra conversación sobre su profesor de historia del teatro.
—Pues lo que te estaba diciendo. ¡Nos ha mandado leernos La divina comedia para la semana que viene!
—¿Para qué? Por lo que me cuentas a ese hombre cada vez se le va más la cabeza… —río.
—Porque al profesor de artes escénicas se le ha ocurrido mirar una adaptación de la obra para representarla y quiere que… —se para. Seguramente ahora empezará a hacer una imitación de su profesor— captemos perfectamente a los personajes y empaticemos con el nuestro. ¡Si los protagonistas no llevasen más de ochocientos años muertos podría intentarlo!
—¿Has empezado a leerlo? —le pregunto preocupada. Aunque Jim es un buen actor ha dejado abandonada la parte teórica y su nota del curso depende de ello.
—Vuestra fama es como la flor, que tan pronto brota, muere, y la marchita el mismo sol que la hizo nacer de la tierra ingrata.
—Lo tomaré como un sí —le respondo comprendiendo la cita sobre la obra mientras que pido una botella de agua y me siento en el banco. Me alivia saber que, aunque sea a final de curso, se está esforzando por estudiar. De ello depende que el año que viene podamos irnos a vivir a California juntos. Si no aprueba mis padres no me dejarían irme sola y yo no sería capaz de irme a ningún sitio sin él. Además, llevamos tantos años con ese plan que no he pensado en nada más.
Pasamos casi toda la tarde sentados en el banco, mi banco favorito, hablando sobre las clases. Sin embargo, a medida que avanza la conversación noto a Jim más callado. Normalmente es él el Si me preguntasen por mi lugar favorito en todo el mundo no lo tendría que pensar mucho: el parque Fate vendría a mi cabeza como una pompa al soplar jabón. Me encanta ver a los niños jugar, el puesto de comida para llevar que hay al lado de mi banco favorito y los cantantes ambulantes que cada día llevan con ellos un ritmo diferente. Por eso me cuesta tanto prestar atención a algo que no sean los árboles que se mezclan con los pocos rayos de sol que se filtran entre las nubes negras que hay hoy en el cielo; o a la música que toca un señor con demasiada barba y muy poca carne.
—¿Estás en este mundo? —Tener a Jim revoloteando a mi alrededor hace que vuelva a poner los pies en tierra firme y deje de mirar los arbustos y los frutos que intentan florecer a pesar del frío y la escasez de sol.
—Sí, sí. ¿Qué pasa? —pregunto intentando mostrar algo del interés que debería tener hacia nuestra conversación sobre su profesor de historia del teatro.
—Pues lo que te estaba diciendo. ¡Nos ha mandado leernos La divina comedia para la semana que viene!
—¿Para qué? Por lo que me cuentas a ese hombre cada vez se le va más la cabeza… —río.
—Porque al profesor de artes escénicas se le ha ocurrido mirar una adaptación de la obra para representarla y quiere que… —se para. Seguramente ahora empezará a hacer una imitación de su profesor— captemos perfectamente a los personajes y empaticemos con el nuestro. ¡Si los protagonistas no llevasen más de ochocientos años muertos podría intentarlo!
—¿Has empezado a leerlo? —le pregunto preocupada. Aunque Jim es un buen actor ha dejado abandonada la parte teórica y su nota del curso depende de ello.
—Vuestra fama es como la flor, que tan pronto brota, muere, y la marchita el mismo sol que la hizo nacer de la tierra ingrata.
—Lo tomaré como un sí —le respondo comprendiendo la cita sobre la obra mientras que pido una botella de agua y me siento en el banco. Me alivia saber que, aunque sea a final de curso, se está esforzando por estudiar. De ello depende que el año que viene podamos irnos a vivir a California juntos. Si no aprueba mis padres no me dejarían irme sola y yo no sería capaz de irme a ningún sitio sin él. Además, llevamos tantos años con ese plan que no he pensado en nada más.
Pasamos casi toda la tarde sentados en el banco, mi banco favorito, hablando sobre las clases. Sin embargo, a medida que avanza la conversación noto a Jim más callado. Normalmente es él el que hace muchos gestos y habla más de la cuenta, pero hoy está especialmente quieto.

—Jimmy, ¿estás bien? —le pregunto mientras veo cómo mira fijamente al suelo, con la vista perdida. Lleva tanto tiempo observándolo que no me extrañaría que se lo hubiese aprendido de memoria.
—No —dice, pero no quería decir eso, sus ojos y nuestros años de amigos le delatan—. Quiero decir, sí, tengo un poco de sueño. Solo eso. —Será buen actor pero no es tan bueno como para engañar a alguien que le conoce desde hace quince años.
—¿Qué te pasa? —Me mira y noto pudor en su cara—. No te gustará una chica y te da vergüenza contármelo, ¿no? —le pregunto sonriendo para intentar quitarle la preocupación del rostro.
Al ver que no responde decido esperar a que él diga algo. Poco a poco levanta la cabeza y se acerca a mí. Le sonrío, en señal de confianza, sabe que puede contarme cualquier cosa. Pero en vez de hablar acerca sus labios a los míos y, sin darme cuenta, me besa. No me habían besado nunca pero estoy segura de que no debería sentirme así. No me siento cómoda con lo que está haciendo y no soy capaz de responderle. Jim es mi mejor amigo desde que puedo acordarme y nunca ha sido nada más. Me aparto de él.
—No, no, esto no está bien —digo con mucha dificultad. Estoy temblando y ver cómo Jim se aleja corriendo no me ayuda nada. Corro detrás de él para pedirle que me espere. Tenemos que hablar. Había gente que me decía que era imposible que no sintiésemos nada el uno por el otro y cuando yo respondía que sí era posible lo decía sinceramente. Pero claro, no sabía que yo era la única de los dos que actuaba con sinceridad. Sé que no se va a parar excepto que...— Jim, he venido contigo. —Me siento mal por decirle eso pero es la única forma de conseguir que pare. Además, el parque está casi a una hora de la escuela, hemos venido en su coche y el frío es cada vez es más insoportable. Si antes el sol hacía agradable la tarde eso era ahora era solo un cálido recuerdo.
Llegamos al coche y entramos en silencio.
—Jim. —Paro para pensar muy bien lo que digo—. No sabía que tu sentías... —me cuesta mucho hablar, siempre es él el que se expresa —que tu sentías eso por mí. —Tarda un rato en responderme. Está centrado en los coches que van y vienen por la carretera. Incluso yo me doy cuenta de que hoy la carretera está demasiado peligrosa, aun estando en abril la vía se congela fácilmente.
—Olvídalo, ¿vale? —La aguja del velocímetro sube a medida que se frunce la piel de su frente, así que decido callarme. Miro a la carretera y me fijo en los faros de los coches que pasan, evitando mirarle. Avanzamos un tramo largo de carretera sin hablar, él mirando al frente y yo fijándome en los destellos de las luces de los coches. En un momento determinado tengo que apartarlos por culpa de un coche rojo que pasa demasiado cerca de nosotros y hace que ambos nos deslumbremos, haciéndome ver como la noche oscura cae demasiado pronto.


***


Cuando abro los ojos ya no hay coches pasando ni faros deslumbrándome. Siento que todo mi cuerpo está retorcido y de algún lado un líquido cae sin parar. No puedo mirar a otro lado para ver dónde estoy, por qué ha anochecido tan rápido, por qué tengo la cara pegada al suelo negro. Intento hablar para pedir a alguien que me ayude a moverme. No estoy asustada porque no sé lo que está pasando, solo sé que me encuentro mal y el olor a quemado empieza a marearme. No puedo evitar cerrar los ojos y esperar a que me expliquen por qué cada vez el cielo está mas oscuro.

domingo, 27 de octubre de 2013

"Lo que nunca podré decirte" (Dos)


Mis dedos tocan el ukelele buscando algo de inspiración. Cuando toco música las ideas se agolpan para salir pero cuando tengo que enfrentarme a un folio y escribir palabras sin ninguna musicalidad, me resulta imposible. Llevo toda la tarde moviéndome por la habitación buscando algo que me inspire pero estoy atascada. ¿Por qué me mandaron a mi escribir el discurso para la graduación? Después de cuatro años en la escuela parece que aún no se han dado cuenta del miedo que me da el público. Sigo tocando mientras que busco que de las cuerdas salga alguna idea. A lo mejor si escribo una canción en vez de recitar un discurso no me dicen nada. Quizá si es lo suficientemente buena, tan buena que hago llorar o saltar de emoción a todos no les importará. Pero no, el director me lo dijo claramente: “Llevas aquí cuatro años y no has hablado en público nunca, Charlotte. Considera esto como tu última prueba en el centro”. ¿Qué más les da? Yo quiero cantar y tocar no ser una oradora, no necesito saber hablar en público. Por mucho que lo digo no me hacen caso y, su falta de interés por mi opinión, me ha llevado a tener que escribir el maldito discurso de fin de año, ¡y solo tengo dos meses para pensar algo decente! Sigo buscando por mi cabeza algo de inspiración y justo cuando parece que puedo empezar algo apropiado llaman a la puerta.

-¡Charlie, Charlie, Charlie! -Desisto, ya escribiré otro día. Me levanto para abrir y allí está ella, rebosante de energia. Su pelo negro enredado en un moño alto, la piel más tostada de lo normal y por supuesto, su sonrisa y unas grandes gafas de sol le cubren el rostro.
-Jess, ¿qué tal en California? -La tranquilidad me ha gustado pero echaba de menos al torbellino de Jessica dando vueltas por la habitación mientras que escucho sus quejas sobre algún tema relacionado con el medio ambiente.
-¿Te puedes creer que tienen el aire más contaminado de todo el país? -Y empieza a contarme lo facil que sería arreglarlo si todos nos transportásemos en bicicleta, como hace ella, y pensásemos un poco más en todo la basura que inhalamos cuando respiramos.
-Y aparte de eso, ¿qué tal la playa? ¡Pareces Beyonce!
-¿Por la voz? Lo se, pero gracias por el cumplido -Dice mientras saca su ropa de la maleta y la guarda en su parte del armario. Ella siempre tan modesta.
-No, ¡por el moreno! -Seguimos hablando de su semana en Los Ángeles hasta que después de cinco minutos, su culo se cansa de estar sentado y se va a... conociéndola, a cualquier parte.

Desde que Jess se ha ido veo pasar las manecillas del reloj demasiado lentas. Tic,tac,tic,tac. Parece que se están riendo de mi por no tener nada sobre lo que escribir. Ruedo los ojos por la pared y me encuentro con el corcho que ya conozco de memoria. En el centro hay una foto mía y de Jim del día en que nos enteramos de que ambos habíamos entrado en la escuela. Tres años después ambos seguimos aquí y lo mejor de todo, sigue siendo mi mejor amigo.

-Servicio a domicilio -Una voz cantarina asoma desde el otro lado de la puerta.
-Pasa, creo que está abierto -El pomo se gira y entra Jim, con dos bolsas que huelen a comida china.
-¿Sabes que eres el mejor? -Le digo mientras que empiezo a devorar un plato de cerdo agridulce sentada en la cama.
-Venía a ver que tal ibas con el discurso -Le paso un montón de hojas en blanco y otras tantas llenas de manchas de tinta para responder a su pregunta -y pensé que tendrías hambre.
-Pues has acertado. Dios, ¡esto está de muerte! -Si Jess me viese comiendo carne de esa manera empezaría a vomitar. ¡Si llora cuando muere una mosca! Pero, afortunadamente, ella y su hiperactividad están dando una vuelta fuera de la habitación -No creo que pueda hacerlo Jim, todo lo que escribo siempre es muy personal y, no me digas por qué, si va acompañado de música no me importa decirlo pero solo de pensar -un escalofrío me recorre todo el cuerpo -Solo de pensar en toda esa gente viéndome decir lo que han significado estos cuatro años para mí...No puedo.

-Si puedes. ¿Y sabes por qué lo se? -Niego con la cabeza -Porque eres Charlotte Collins y nadie en el mundo tiene la suerte poder decir eso -Pero no me sirve, se que solo lo dice para complacerme, y se ha dado cuenta. -Venga Charlie, siempre consigues lo que te propones. Sino acuérdate de cuando queríamos hacer las pruebas para entrar aquí -Sonrío al entender lo que me va a contar y aunque lo ha contado un millón de veces no le detengo -Te encantaba la música pero lo único que sabías de lenguaje musical era lo que te habían enseñado con el ukelele y el piano. ¡Te pasaste el verano entero encerrada estudiando!
-Si, si lo se. Pero no entiendo por qué me lo han pedido a mi. Mira, si se lo hubiesen pedido a cualquier otra persona tendrían ya escrito todo un espectáculo en el que la gente quedaría encantada. ¿Y me lo piden a mi? No lo entiendo, no soy nadie especial Jimmy.
-¿Qué no eres especial? -Puedo notar el cabreo en su voz, alzada más de lo normal -Claro, como todo el mundo tiene la habilidad que tienes tú para tocar ese maldito bicho de cuatro cuerdas con los ojos cerrados. O para tocar el piano como si estuviese diciendo los números del uno al diez. Por no hablar de tu voz. ¡Dios Charlotte, ¿no te has escuchado cantar!? -Intento negarle todo lo que está diciendo pero no para de hablar y aunque abro la boca tengo que cerrarla frustrada -Y si me vas a decir que no eres lo suficientemente guapa o carismática, por favor mírate en el espejo -Me da la mano y me obliga a mirarme en el espejo. Por mucho que trato de encontrar lo que el dice que ve en mi solo veo a una chica y a su pelo naranja demasiado asustados.
-Jim, no... -Consigo decir un par de palabras mientras que él respira entrecortádamente.

-¿Y sabes por qué se que lo vas a hacer? Porque tienes magia, fuera y dentro del escenario -Noto como una lágrima cae de repente de mis ojos marrones -Y yo tengo fe en ti, aunque tú no la tengas yo si y se que lo vas a conseguir. Confío en ti Charlie. 

***
Hola :) ¿Os ha gustado? ¡Espero que si! Bueno, a partir de ahora subiré capítulo todos los domingos (aunque puede que alguna vez me adelante, ese es "el punto de referencia" por decirlo de algún modo). Como sabéis si queréis enteraros de cuando subo podéis seguirme en facebook y en wattpad (donde también subo los capítulos). 
Un saludo, 
S.Jeanne

miércoles, 23 de octubre de 2013

Os presento "Lo que nunca podré decirte". (Uno)

Charlotte Collins es una adolescente de 17 años. Es una chica como cualquier otra pero tiene el poder de hacer magia con un pequeño instrumento de cuatro cuerdas y su voz. Con todo su futuro planeado algo se interpone en su camino cambiando su vida completamente. ¿Queréis saber que es? Seguid leyendo...

*** 

Uno 


Si me quedasen me mordería las uñas, pero hace unas horas que fueron desapareciendo de mis dedos. Intento mantener en calma los pensamientos del casting de mañana pero, por más que lo intento, no paran de volar en mi cabeza por todas direcciones. “Mañana es el gran día”, pienso. Mañana por fin hago la audición que decidirá si entro o no en la escuela de artes escénicas. Desde pequeña he sabido que no podría dedicarme a otro cosas, que la música era mi vocación. Pero ahora, que estoy tirada en la cama unas horas antes de la prueba, no lo tengo tan seguro. Pero no me puedo echar atrás ahora, mañana es la audición de la escuela y yo, Charlotte Collins, estoy más insegura que nunca.
Por la mañana la tensión no disminuye, casi vomito el desayuno. Tampoco cuando voy de camino a la prueba y mucho menos cuando entro en el edificio.
—¿Y tu ukelele? —me pregunta Jim enfadado al verme entrar sin el pequeño bulto que me acompaña a casi todas partes. La sala de espera está repleta de gente y me alegra ver que no soy la única que está muy, muy nerviosa.
—En casa —una respuesta corta que va a desencaminar en una charla por no haberlo traído.
—¿Qué? —y gritando empieza a decirme lo tonta que soy por dejarlo en casa, lo profundamente disgustado que está conmigo y el gran error que he cometido. Por supuesto no se le olvida mencionar su tema favorito, mis inseguridades y mis nervios—. Tu falta de seguridad va a estropearte el número. “Gracias por los ánimos, Jimmy”, pienso. Pero claro, él nunca ha entendido mi necesidad de esconderme detrás del piano para actuar o de evitar los momentos en los que se me ve demasiado o llamo demasiado la atención. Él es tan extrovertido que se cree que todos tenemos que ser igual que él. “Hay que brillar como las estrellas que somos”, diría si supiese en lo que estoy pensando.
—¿Puedes callarte ya? Eres mi amigo no mi padre, Jimmy —digo enfadada.
—Vale, vale. Pido clemencia princesa Charlotte de la corte...
—¡Oh, vamos, cállate ya imbécil! —sin duda Jim será un buen actor algún día. Es tan... teatral.
—Bueno, yo solo digo que eres genial —el comentario hace que me ruborice— y que deberías mostrarlo.
—No me voy a poner una bolsa en la cabeza para actuar. Simplemente voy a tocar el piano en vez del ukelele. Es mas discreto.
—Pero... —no le da tiempo a terminar la frase. Una mujer con el pelo del color de la ceniza me llama y Jim me coge la mano por una fracción de segundo. Mecánicamente muevo las piernas por el pasillo que me ha señalado la señora y cuando llego al final de él lo único que ven mis ojos es el escenario inmenso que hay frente a mí.

*** 

Hola, hola :) ¿Os ha gustado? Espero que si, de verdad. Decidme vuestras opiniones al respecto en los comentarios, en twitter o en facebook. Espero ansiosa vuestras opiniones :) También deciros que esta historia también va a ser publicada en wattpad (http://www.wattpad.com/user/SaraMejillas) donde también me podéis seguir y comentarme. Voy a responder a todos y cada unos de vuestros mensajes así que, ¡animaros!
Esta historia es una historia corta por lo que contando esta publicación solo habrá 5 más. La historia ya está cerrada y editada.
Espero que os guste y bueno, creo que es la primera vez que estoy nerviosa por subir un post porque esta es mi primera historia terminada.
Un besazo,
S. Jeanne :)

viernes, 18 de octubre de 2013

Lo que nunca podré decirte y otros proyectos futuros

¡Hola! Ya tenía mono de publicar algo por aquí y aunque no es una reseña ni nada que haya escrito yo solo os traigo noticias sobre futuros proyectos. Como ya sabéis, y si no lo sabéis os lo cuento, en julio hice un curso de escritura. Con las historias que escribimos mis compañeros y yo vamos a publicar un libro con nuestras historias (ocupan alrededor de 12 páginas). Yo por mi parte voy a subir mi historia aquí y en wattpad . La historia lleva escrita desde antes de agosto y ya está cerrada así que no pasará como con la de Jane que la dejé de escribir. De momento no se cuando empezaré a publicarla aunque lo mas seguro es que empiece a subir los capítulos en noviembre. De momento os puedo decir que el título de la historia es "Lo que nunca podré decirte" y está relacionada con la música, el amor y lo demás os lo dejo en puntos suspensivos.

Aparte de esto quiero que sepáis (si me lee alguien que yo sigo teniendo fe en que si) que tengo muchas ideas nuevas para nuevas historias así que ya me muero de ganas por empezar a desarrollar personajes, trama e ir contándoos.

Un beso muy grande,

S.Jeanne